Testimonios de la Restoración

LA MISERICORDIA DE DIOS 

?Ha tocado Dios a su vida para que sepa que El le ama, y le quiere salvar de la muerte, por Sus propósitos?

?Has visto la intervención Divina; el ministerio de Ángeles?

Todo para que amemos a nuestro Dios, y sirvamos a Él.

INVESTIGUE LOS TESTIMONIOS . . .

TESTIMONIOS DE LA GRACIA

PRESENTADO POR DIOS
      Mi primera experiencia Espíritual en el ministerio ocurrió en Nova Scotia. En Boston, EEUU, me encontré con el anciano Ralph W. Farrell. El escribió sobre un pedazo de papel el nombre y dirección de un hermano Boyd Johnson en Amherst, Nova Scotia, quien estaría contento en darme una bienvenida. El me dijo a poner la dirección en mi bolsa izquierda de mi chaleco.
      Temprano en la mañana el próximo día, yo llegué. Buscaba dentro de mi chaleco, pero no estaba ningún papel. Fui buscando a través de cada bolsillo, pero no encontré el papel. No recordaba la dirección, pero recordé el nombre. No tenía ninguna idea de donde encontrar al hermano Johnson.
      Yo salí caminando hacia la calle principal. La primera person que encontré fue el cartero. Le pregunté, pero a mi sorpresa, el dijo que nunca había escuchado de el.
      El próximo hombre que encontré fue un negro. El dijo que nunca había escuchado del Sr. Boyd Johnson. Yo regresé a la estación del tren realmente confundido
      Después de esperar una hora me fui hacia al centro otra vez. Después de caminar unas pocas cuadras, alguien me habló y dijo, "Ese es Boyd Johnson, el hombre adelante de ti." Regresé para ver quien me hablaba, pero nadie estaba alli. Estaba muy sorprendido hasta que una voz me habló muy claramente, y me dijo otra vez, "Ese es Boyd Johnson; el hombre que estás buscando."
      Yo buscaba arriba la calle y miré a un hombre. El estaba lavando las ventanas. Iba de prisa hacia el. Entonces realizaba que en mi primer viaje misionero estaba teniendo la experiencía más agradable, tal como otros misioneros habían tenido. Cuando yo casi llegué al hombre, el levantó su cubeta y su brocha y se fue adentro del edificio. Seguía caminando y cuando yo estaba en el edificio, notaba que el había regresado y fue
buscándome directamente a mi. 
      Yo le hablé a el y le pregunté si el era el Sr. Boyd Johnson. Como lo hice así, el me habló y me preguntó si yo era John Sheehy. Ambos estabamos sorprendidos y deleitamos por reunirnos. El Espíritu de Dios me hubo hablado a mi y seguramente le habló a el también. Eramos bendecidos tanto que no podríamos decir nada más. Ambos parábamos allí con lágrimas rodando por nuestras mejías. Al fin, el me dijo a mi, "Entre."
      Entré al edificio con el. Fue el Banco de Nova Scotia, donde el hermano Johnson fue empleado como un mensajero y empleado de limpieza. El tenía un cuarto arriba en el fondo. Cuando alcanzábamos su cuarto, el volvió a verme y me dijo: "Ahora, dígame como supo que yo era Boyd Johnson?"
      Me gustaría escuchar tu historía primero" y repetía, "Como supo que yo era John Sheehy?" El dijo que sabía que yo estaba viniendo a Nova Scotia y el conocía mi nombre. Cuando terminó de lavar las ventanas, comenzó a entrar al banco y escuchaba una voz decirle: "John Sheehy está en la calle y está buscándote a ti." El regresó para ver quien le hubo hablado y nadie estaba allí. El pensaba que raro, asi el vino, bajó las escaleras al instante, como yo trataba de llegar hasta ellos.
      Entonces, le conté a el mi experiencia. Entonces, le dije, "Sabe, es extraño como desapereció el papel el que puse en mi bosillo. Lo puse en este bolsillo." Metí mi mano en aquel bolsillo, y !alli estaba el papel! Estábamos muy sorprendidos.

DIOS PROVEERÁ
      Cuando mi esposa y yo regresábamos de Massachusetts, EEUU, yo había mal calculado el costó del viaje a Gangor, Maine, EEUU. Estábamos en el bote, y descubrí que tenía solamente treinta y siete centavos. Estaba perturbado, porque necesitaba cena aquella noche y tres comidas el próximo día. El bote estaba por salir a las cinco y llegaríamos a nuestro destino a las 9:00 la próxima noche. Estaba preocupado por mi esposa porque no teníamos nada que comer para dos días.
      Trataba de pensar que hacer. Mi esposa notaba que estaba preocupado yo, y preguntaba, "Qué te pasa?" Dije, "Nada." Pero ella insistía que sí, entonces le dije.
      "Bueno," dijo ella. "Eso no es nada para preocuparse." Viviremos sin tener mucho para comer. Así, no te preocupes."
      Pero en verdad me preocupé. Cuando estábamos sentados allí, oraba y pedí al Señor para que nos ayudara a salir de esta dificultad. De repente comenzé a sentir que debía salir del bote para ir a caminar, entonces le dije "Vámonos, bajamos del bote. Tenemos una hora antes que salir. Vamos a una caminata."
      Ella pensaba que no era sabiduría hacer eso; caminando, podríamos crear aún más apetito, y eso era una cosa que nosotros no queríamos tener. 
      "Pienso que debemos tomar esta caminata," insistía yo. Entonces empezábamos. Caminábamos y caminábamos y nada sucedió. Estábamos listos a girar una esquina cuando un hombre llegó a esa misma esquina de prisa y me golpeaba. Nos agarrábamos uno al otro para no caernos. Cuando estaba parado, el pidió disculpa. Descubrí que el era un hombre que conocí de Independencia, MO, EEUU. "Cómo es que está aqui en Boston?" le pregunté. Y el me dijo, 
      "Pues, de todas las personas las que puedo encontrar, estoy agradecido que fue a usted."
      Dimos las manos. El dijo que estaba de prisa a alcanzar un tren, lo cual estaba saliendo para Omaha en poco tiempo. El pidió permiso a salir, deseando a visitar más.
      Cuando lo encontré, yo pensé, "Esta fue la razón para la caminata." Y cuando el empezó salir, dije, "Pues, seguimos caminando." Entonces, le escuché gritándome, llamándome por mi nombre. El regresó, corriendo. El se acercó con prisa a decirme, "Siento que tal vez nesecita un poco de ayuda. Ten esta." Me dio la mano otra vez. "Es todo lo que tengo conmigo ahora. Me gustaría darle más. Pero, Dios le bendiga." Vi lo que el puso en mis manos. Fue suficiente no para dos días, sino que para dos semanas!
      Regresábamos al barco, contento en el conocimiento que Dios en verdad contesta nuestras oraciones, y que El proveerá para nuestras necesidades. 

 HE PROTEJIDO A EL
      Una roca grande calló sobre V.D. Ruch cuando el tenía 14 años, en una mina donde el estaba trabajando. Lo cubrió completamente. Su padre estaba trabajando cerca de el. Escuchó el ruido y corrió rápidamente hacía la roca, y trató de sacar a su hijo. Ocupaba tres hombres para levantar la roca para que saliera el hermano Ruch afuera.
      Ellos pensaban que el podría ser sevéramente herido. El fue llevado a la casa para ser atendido por un médico, quien encontró que su herida solamente tenía dislocada su cadera. El doctor recetó una semana de reposo para dar al ligamento una oportunidad para reformar. Después de cumplir con la que el doctor le dio, el estaba fuerte otra vez.
      Sr. Ruch dijo a su pastor, "No entiendo lo que detuvo la roca de aplastar a mi hijo al morir." El ministro testificaba que el Espíritu de Dios le habló a el entonces, diciendo "Yo lo he protejido a el porque tengo un trabajo para el hacer." Unos años más tarde cuando hermano Ruch había llegado a su maduréz, el trabajaba en una mina en Huntsville,  Missouri (EEUU). Un día otra roca muy grande calló sobre de el. Era tres pie y medio de grueso y dies y ocho pie de diámetro y pesaba unos miles de libras.
      El estaba trabajando sobre sus rodillas cuando esta monstruosa piedra calló de repente sin permitirle moverse. Golpió su hombro, cruzando su pecho contra sus piernas. Solamente su cabeza estaba fuera de la roca. El no podía respirar y todo volvió ser oscuro. El sabía que si no salía de esta terrible peso de repente, el podría morir.
      Sus amigos buscaban por ayuda, y los 12 mineros que vinieron, no podían moverla. Ellos pusieron una gran madera abajo, con una piedra abajo aquella, y levantaba la piedra lo suficiente para que el pudiera moverse fuera. Ellos pensaban que su espalda estaría fracturada, pero el se levantó y caminaba. Ellos no podían entender este milagro.
      Un poco antes del accidente el hermano Ruch había sido ordenado un sacerdote en la Iglesia Reorganizada y los trabajadores se dieron cuenta. Estaba dirigiendo cultos en su casa porque ellos no tenían un edificio en el cual reunirlos. El hermano Ruch sabía que el debía su vida a Dios y el servía a Dios como un misionero por varios años.

 EL DESCONOCIDO SABÍA
      Carlos Allen, un misionero para la Iglesia de Jesucristo tenía la dirección de una pareja vieja quienes vivían en un pequeño pueblo en Oregon, EEUU. Ellos eran miembros retirados, y el había sido pedido por los oficiales de la iglesia a visitar esta pareja.
      El tren pasaba por medio de su pequeño pueblo a las 3:00 a.m. Medio dormido, el hermano Allen bajó del tren y se paró, contemplando que hacer. Todo estaba cerrado por esta hora de la noche, y el  nunca había estado en esa parte del país.Mientras que el estuvo  parado en confusión, un hombre se acercó a el y le dijo, "Te llevaré a donde quieras ir. Solamente sígueme." Casi dormido, el hermano Allen siguió atrás del hombre. Ellos caminaban unas pocas cuadras de la estación y se pararon en frente de una casa.
      "Esta es la casa donde la gente vieja viven," el desconocido le informó. "No vaya a la puerta en frente. Ellos son un poco sordos, y no podrían escuchar el toque. Vaya a la puerta a un lado. Ellos duermen en el cuarto al fondo," el añadió como apuntó al cuarto.
      Con cuidado, el misionero le obedecía a el. El se fue al lado y tocaba la puerta.
      Un hombre vino a la puerta restregando sus ojos. El hermano Allen se presentaba a si mismo y explicaba quien era el. Este encantó el hombre viejo, y su cara se iluminó en bienvenido. "Pase" el hombre le invitó al misionero. “Es maravilloso ver a alguien de nuestra fe. “Madre," el clamó, "aquí está nuestro misionero."
      Ella rapidamente vino a reunirse con el. Después disculpándose por su apariencía, ella dijo, "estábamos orando para que Dios nos enviara un misionero. Estamos alegres ahora."
      "Cómo encontró nuestra casa?" preguntó el cabellero viejo, dándole una silla.
      "Después de salir del tren, un desconocido me guiaba hasta la puerta al lado de su cuarto," el dijo.
      "Pues, esa es una coincidencía...pero no estábamos anticipándote. Nadie en este lugar podría haber sabido que viniera," dijo el caballero, pensando. 
      "Hay algo misterioso aquí," dijo hermano Allen. "Aquel hombre era un desconocido completo; mas el conoció lo que quería yo. Dios tiene su mano en esto. El sabía el cuarto exacto en lo cual duermen y que son casi sordos. Ustedes no son desconocidos a el."

DOS PIES PERFECTOS
      El hermano Guillermo O'Neill acabó de terminar una serie de reuniones con la familia Little antes de que la señora Little tuvo a su bebé. Cuando les visitó en el hospital, el descubrió que la niñita había nacido con un pie deformado. Naturalmente los padres estaban profundamente preocupados.
      La señora Little le acordó a Guillermo de la escritura que el le había dicho: "Está alguno enfermo? Llame a los ancianos de la iglesia para que oren por el" (Santiago 5:14) Entonces le preguntó a ella, "Cree que Dios sanaría su pie?"
      Guillermo le prometió a hablarle a un anciano acerca de esto y así lo hizo.
      Una vez en casa, la señora Little estaba explicando a su familia el plan del doctor para poner el pie dentro de un yeso, y compartió el procedimiento que el seguiría. Este le parecía totalmente desconcertado.
      Cuando Guillermo trajo el anciano Ralph Remington a la casa Little, la madre de la señora Little y un primo llamado DeWitt estaban presentes. Después de visitar un rato, le pidieron a administrar al bebe. El explicó que el nunca había hecho una petición de este  tipo en administración. El pidió que cada uno le recuerde en oración antes de hacerla.
      Cuando Ralph caminó hacia ella para administrar a la niña, una voz le dijó, "pidale al Señor a sanarla completamente para que ella nunca sabrá que fuera deformada." Así, hizo esta petición. Después, los hombres salieron. Nadie pensaba en mirar a los pies de la infante.
      En preparación para bañar a la niña la próxima mañana, la madre se regocijó a ver que su hija ahora tenía dos pies perfectos! 

DIOS ENVIÓ LA LLUVIA
      No había llovido por un largo tiempo en una cierta parte de Iowa, EEUU. Las personas estaban advertidas que bajo ninguna condición podrían prender fuego afuera. Pero Ed Brown necesitaba tener su campo listo para plantar trigo. Necesitaba quemar la mala hierva y el zacate viejo. Así el araba todo alrededor del campo, haciendo un ancho sendero con el arado en toda la tierra, así el fuego no podría alcanzar el otro lado dentro del pasto seco.
      Jack había venido con su padre al campo. Ed prendió el fuego, y juntos miraban como las llamaradas venían acercandose más y más a la tierra arada. Cuando llegue allí, parará, dijo Ed. Pero no lo hizo. El fuego pasaba por la grama abajo donde había sido arado. De repente, la grama estaba quemándose en el otro lado. Podría quemar cada cosa en su camino si no estuviera parado.
      "Padre, oremos!" dijo el pequeño Jack.
      Ed pensaba que no tenía tiempo para orar. Corriendo para su tractor, el lo empujaba adentro y comenzó arar tan rapidamente como lo fue posible. Desesperádamente el trabajaba, tratando de mantenerse adelante de la llamarada del fuego. Pero el fuego trabajaba más rápido. Había ido afuera de control. Ed miraba en todas direcciones a verlo crecer. El no podía pararlo. El llegó ser muy temeroso. De repente todo podría estar en llamas.
      Jack vino corriendo hacia el. Tomándolo fuertemente por sus manos el dijo, "papá, papá, oremos!" Jack y su padre se arrodillaron bajo las ruedas del tractor. Ambos de ellos oraban por la ayuda de Dios. Cuando habían finalizado sus oraciones, Ed miraba dentro de los cielos. Una nube negra venía del cielo, lo que fue claro solo momentos antes. Comenzó llover sobre el lugar donde estaba el fuego corriendo, y continuaba hasta que el fuego fue quitado. Después, la lluvia cesó. Solamente llovía sobre aquel lugar y en ningún otro lugar. No había espacio para duda en el corazón del padre y el hijo, porque ellos sabían que Dios había enviado la lluvia en respuesta de sus oraciones.

AFUERA DE LA CUNETA
      En el camino a una reunión campestre en Australia, Roberto Brown y Ricardo Jones tenían que manejar por lodo profundo en el camino. De repente, el carro empezó a deslizarse, y cayó en una cuneta honda, donde el carro se paró de inmediato.
      Ellos intentaron empujarlo sin resultado, y el carro se hundió más.  Intentaron empujarlo con todas sus fuerzas, sin nada.
      Estaban preocupados porque no habían otros para ir, y la gente les estaban esperando.
Ellos decidieron orar a Dios.
      Parados en el lodo, ellos incaron, y le pidieron por ayuda divina. Cuando alzaron la vista después, ellos vieron un hombre montado en un caballo, viniendo hacia a ellos.
      "Me parece que están en problemas." dijo el extraño. "Tal vez les puedo ayudar." El bajó del caballo y empujó el carro afuera de la cuneta, el solo. Ellos quedaron atónitos.
      El extraño dijo, "Hoy sí. De aquí salen bien." El montó en su caballo y salió.
      Ellos quitaron el lodo de sus pies y salieron. Ricardo dijo, "?Usted vio esto? Hay algo milagroso acerca de este hombre. ?Como empujó el carro afuera de la cuneta el solo? Los dos de nosotros ni aun pudimos moverlo. Yo voy a dar vuelta y regresar a ver."
      Al llegar allí donde estaba el carro, vieron todas sus huellas en la calle, menos las del caballo. Entendieron que no fue un hombre de la tierra que llegó exactamente al terminar su oración. Ellos continuaban en su camino, glorificando a Dios y dándole la gracias por la ayuda divina.

YO TE PUEDO VER
      Swen Swenson había sido bautizado, pero todavía estaba luchando contra el vicio de fumar. Un día de estos, de repente alguien le regaló un cigarro muy caro por un marido que estaba casándose.
      El cigarro se parecía tan sabroso y fue su marca favorita. Entonces, Swen lo guardó para más tarde. Pero no quería que nadie lo viera cayendo en tentación.
      Swen salió de la ciudad y entró en un bosque. El seguía hasta que nadie estaba cerca;
ni animales, ni casas. Al fin, encontró un lugar secreto. El volvió a ver una más vez, a segurarse que nadie lo estaba viendo. Seguro, el sacó el cigarro de su bolsa y lo miró con anhelo. Agarró un fosforo y prendió el cigarro.
      De repente el escuchó claramente una voz diciéndole, "Swen, YO te puedo ver." 
      Asustado, sus ojos se abrieron grandamente y el reconoció la verdad. !Por su puesto, Dios lo podía ver! El se escondió del hombre, pero no había pensado en Dios.
      Rapidamente, Swen se quitó el cigarro de su boca y el lo tiró tan lejos como pudo. !Este se terminó su hábito de fumar!

DIRECTO DE DIOS
      Frederico Smith nunca había predicado un mensaje, pero muchos de los santos iban estar en una conferencia afuera y esta dejaría a nadie para predicar en su congregación. Entonces en la noche de domingo, le tocaba.
      El tenía que trabajar 12 horas al día, seis días a la semana. Su educación fue limitada, como fue su estudio de las Escrituras. El quería estudiar-las en la semana antes de su mensaje, pero no hubo tiempo libre. 2 veces aquella semana, como supervisor, el tenía que pasar toda la noche en el trabajo. No se durmió mucho durante la semana. Aun el domingo, contra su voluntad, su trabajo lo llamaba que estuviera allí. El salió de su trabajo a las 5:00 pm y intentó leer, pero siempre se durmió de su cansansia. El se puso deprimido. Su esposa le dio ánimo y le dijo a intentar y Dios le ayudaría.
      Pues, el empezó ir a la iglesia pero, viendo la puerta de su bodega abierta, allí el entró y oró. El dijo al Señor que el fue incapáz debido a su falta de conocimiento y extrema cansansia de su mente y cuerpo.
      En transito a la iglesia, el leía de Timoteo, y sintió del Espíritu para usarlo como su texto. Al llegar a la capilla, sintió nervioso porque la capilla estaba llena. Cuando empezó el culto, un viejito ofreció una oración inspirada. El estaba en comunión con Dios.
      Al pararse atrás del púlpito, Frederico sintió sus rodillas temblando. El leía su escritura, y vio un versículo en palabras grandes, como afuera de la página. El miró al reloj, pensando que iba a compartir poquito.
       Su atención fue atraída a la esquina norte oeste de la iglesia. Allí apareció un hoyo en el cielo, y a travéz de este hoyo, el podía ver las estrellas. Después, el vio tarjetas de 20 pulgados de largo y 15 pulgadas de anchura. Las tarjetas eran blancas con palabras en negro brillante. Al ver la primera tarjeta llegar al hoyo, la leía en voz alta, y al leerla, desapa-reció, y apareció la próxima. El pensaba, "?Qué es este sentimiento tan bello? Es el poder de Dios sin duda." El sentía como sus pies no estaban tocando el suelo. Las tarjetas seguían bajando, acompañadas con el Espíritu de Dios. Al fin no más tarjetas llegaban.
      Al ver el reloj, el había predicado por 45 minutos, y realizó que su oración había sido  contestada. El Señor le dio su mensaje. Viendo la congregación, todos estaban secando sus ojos, por haber sentido el Espíritu. Al fin del culto, el mismo viejito dijo, "Han escuchado un sermón directo de Dios. Tal vez jamás escucharán otro como este."

EL CAPITAN DEL MAR
      Jorge Knowlton era un capitán del mar muy duro, que vivía en Maine, EEUU. El ordenó a sus hombres hacer las tareas más difíciles, y ellos respondieron de miedo.
      Un día cuando a tierra, este hombre tan duro escuchó el mensage del evangelio. El sintió la impresión del Espíritu Santo y quería unirse con Su Iglesia, pero no podía entender como llegar a vivir esta vida. El no podía ver como podía ser capitán del barco y por amor, hacer responder sus trabajadores.
      Su esposa quería que el dejara de usar tobaco, pero no pudo. Jorge masticó un pedazo
 antes de salir de la cama cada mañana. Cuando se levantó, el fumaba su pipa.
      Un día el mar estuvo calmo, y sus trabajadores estaban abajo. El capitán empezó
refleccionar en el evangelio, recordando las palabras del ministro. Este hombre duro oró. El prometió al Señor que si El le ayudaría dejar su hábito de tobaco, Jorge lo tomaría como un señal que este fue Su evangelio.
      El próximo mañana, el se levantó, y comenzó su trabajo. El estaba al timón del barco cuando realizó que el había olvidado tomar su pedazo de tobaco y fumar su pipa. Desde allí, cuando Jorge pensó en tobaco, !el tenía que irse al lado del barco y vomitar!
      Cuando Jorge regresó a tierra, el buscó un ministro de la Iglesia Reorganizada de Jesucristo, y pidió bautizarse. Después de bautizarse, el tomó su religión muy seriamente. Hizo un cambio por completo en su vida. La gente empezó amarlo. Aun sus trabajadores aprendieron amarlo; una cosa que ellos pensaron imposible antes.
      Luego, Jorge fue llamado ser un anciano en la iglesia. Una noche, regresando a su casa, el Espíritu Santo le habló y le dijo no entrara su casa. Sino que irse a una isla donde vivía una familia con muchas necesidades. El no quiso obedecer, porque había estado en el barco por dos semanas, y no había visto a su familia. Pero cuando el Espíritu le habló por la segunda vez, el obedeció. La pareja se llama Eduardo y Nell. Debido a los frecuentes 
tempestades, Eduardo no había pescado y la familia ya no tenía comida. Fue duro para Eduardo ver a sus hijas ir a la cama con hambre. Entonces la familia se reunía en oración, y Eduardo salió para pescar.
      El quería revisar sus trampas para langosta. En el bote, un viento hizo que el poste adentro golpea a Eduardo y  el cayó inconciente en el agua. El agua siendo frio lo despertó. Cuando el miró su bote, estaba lejos, y yendo en la dirección opuesta.
      Su ropa sucia y mojada le hizo muy dificil nadar. Siendo debil, y enfrentándose la muerte, solo un milagro lo podia salvar. Cuando el empezó undirse en el agua, clamó al Señor, pidiendole a salvar su vida, para que el podría proveer para su familia.
      Inmediatemente, el se halló tocando su bote, con una mano adentro! Con dificultad, el  montó su bote, y cuando el aire frio tocó su ropa mojado, se congeló. Una bota se quedó en el mar. El sabía que tenía que llegar rapidamente a su casa o moriría.
      El viento fuerte ahora le ayudó llegar a su casa. Al abrir la puerta el escuchó a su hijas orando por el y para comida.
      Sus niñas gritaron, "!Papá está aqui! ?Dónde están las langostas? ?No pescó nada?"
      Nell, su esposa lo vio, y empezó a ayudarle quitar la ropa congelada.
      Luego, la familia reunió alrededor la estufa, debido al frio, con diferentes sentimientos. Tenían gozo porque su padre volvió seguro, pero todavía tenían hambre, y sabían que su padre ya no podia pescar, porque faltaba una bota, y no podía comprarla tampoco.
      Otra vez la familia se arrodilló en oración pidiendo por ayuda divina. De repente, hubo un toque a la puerta. Allí estaba el capitán, Jorge, !con comida y un par de botas!
      Al entrar Jorge, el ofreció las cosas a ellos. Eduardo le preguntó, "?Cómo sabía que nuestra situación era critica?"
      Jorge contestó, "El Espíritu Santo me lo dijo, y no podía resistirlo."
      Cuando Nell vio la comida y botas, sus ojos se llenaron con lágrimas de gozo. Eduardo también se quedó mudo con emoción por un momento. Dios en verdad cambió un hombre duro, y lo usó hacer un milagró para otra familia creyente. Fue posible porque el obedeció la voz de Dios sin dudar. UNA MANO DIVINA
      El anciano Earl Philips estaba acercándose a una cruze del ferrocarril en su camión grande. El estaba pensando en otras cosas, y el buscó rapidamente por un tren. No vio ningún tren, entonces comenzó cruzar la pista. De repente, el miró un tren listó para golpearlo. El empujó el acelerador al fondo y sintió que el carro saltó al otro lado de la pista como el tren cruzó atrás.
      Perplejo, hermano Philips empujó el acelerador muchas veces al fondo a ver si el camión saltaría como se hizo cuando estuvo cerca del tren, pero no lo pudo. El anciano no entendió lo que pasó, entonces se fue al estación del tren, donde el tren había parado.
      El ingeniero lo reconoció y lo dijo, "Pensé que iba a golpearte, pero sorprendido, vi una mano grande bajar del cielo, agarrar a tu camión, y hallarlo al otro lado de la pista.
      Cuando el ingeniero habló, hermano Philips sabía que la mano de Dios le salvó.

DE HONDURAS, CENTRAL AMÉRICA

Mario - Taulabe, Comayagua
      El recibió el evangelio con su familia, pero no respondió al principio. Ya después de
haber escuchado por un año, el tuvo un sueño en mayo, 1992 en que el estaba en el ataúl, muerto, y allí dijo, "!Dios mio! !No me bautizé!" Al fin se bautizó en junio, 1993.

 
LA IGLESIA DE JESUCRISTORAMAS DE LA RESTAURACIÓN

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TESTIMONIOS DE LA RESTAURACIÓN