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TESTIMONIOS DE LA GRACIA
PRESENTADO POR DIOS
Mi primera experiencia Espíritual
en el ministerio ocurrió en Nova Scotia. En Boston, EEUU, me
encontré
con el anciano Ralph W. Farrell. El escribió sobre un pedazo de
papel el nombre y dirección de un hermano Boyd Johnson en
Amherst,
Nova Scotia, quien estaría contento en darme una bienvenida. El
me dijo a poner la dirección en mi bolsa izquierda de mi
chaleco.
Temprano en la mañana el
próximo
día, yo llegué. Buscaba dentro de mi chaleco, pero no
estaba
ningún papel. Fui buscando a través de cada bolsillo,
pero
no encontré el papel. No recordaba la dirección, pero
recordé
el nombre. No tenía ninguna idea de donde encontrar al hermano
Johnson.
Yo salí caminando hacia la calle
principal. La primera person que encontré fue el cartero. Le
pregunté,
pero a mi sorpresa, el dijo que nunca había escuchado de el.
El próximo hombre que
encontré
fue un negro. El dijo que nunca había escuchado del Sr. Boyd
Johnson.
Yo regresé a la estación del tren realmente confundido
Después de esperar una hora me
fui hacia al centro otra vez. Después de caminar unas pocas
cuadras,
alguien me habló y dijo, "Ese es Boyd Johnson, el hombre
adelante
de ti." Regresé para ver quien me hablaba, pero nadie estaba
alli.
Estaba muy sorprendido hasta que una voz me habló muy
claramente,
y me dijo otra vez, "Ese es Boyd Johnson; el hombre que estás
buscando."
Yo buscaba arriba la calle y miré
a un hombre. El estaba lavando las ventanas. Iba de prisa hacia el.
Entonces
realizaba que en mi primer viaje misionero estaba teniendo la
experiencía
más agradable, tal como otros misioneros habían tenido.
Cuando
yo casi llegué al hombre, el levantó su cubeta y su
brocha
y se fue adentro del edificio. Seguía caminando y cuando yo
estaba
en el edificio, notaba que el había regresado y fue
buscándome directamente a mi.
Yo le hablé a el y le
pregunté
si el era el Sr. Boyd Johnson. Como lo hice así, el me
habló
y me preguntó si yo era John Sheehy. Ambos estabamos
sorprendidos
y deleitamos por reunirnos. El Espíritu de Dios me hubo hablado
a mi y seguramente le habló a el también. Eramos
bendecidos
tanto que no podríamos decir nada más. Ambos
parábamos
allí con lágrimas rodando por nuestras mejías. Al
fin, el me dijo a mi, "Entre."
Entré al edificio con el. Fue
el Banco de Nova Scotia, donde el hermano Johnson fue empleado como un
mensajero y empleado de limpieza. El tenía un cuarto arriba en
el
fondo. Cuando alcanzábamos su cuarto, el volvió a verme y
me dijo: "Ahora, dígame como supo que yo era Boyd Johnson?"
Me gustaría escuchar tu
historía
primero" y repetía, "Como supo que yo era John Sheehy?" El dijo
que sabía que yo estaba viniendo a Nova Scotia y el
conocía
mi nombre. Cuando terminó de lavar las ventanas, comenzó
a entrar al banco y escuchaba una voz decirle: "John Sheehy está
en la calle y está buscándote a ti." El regresó
para
ver quien le hubo hablado y nadie estaba allí. El pensaba que
raro,
asi el vino, bajó las escaleras al instante, como yo trataba de
llegar hasta ellos.
Entonces, le conté a el mi
experiencia.
Entonces, le dije, "Sabe, es extraño como desapereció el
papel el que puse en mi bosillo. Lo puse en este bolsillo." Metí
mi mano en aquel bolsillo, y !alli estaba el papel! Estábamos
muy
sorprendidos.
DIOS PROVEERÁ
Cuando mi esposa y yo
regresábamos
de Massachusetts, EEUU, yo había mal calculado el costó
del
viaje a Gangor, Maine, EEUU. Estábamos en el bote, y
descubrí
que tenía solamente treinta y siete centavos. Estaba perturbado,
porque necesitaba cena aquella noche y tres comidas el próximo
día.
El bote estaba por salir a las cinco y llegaríamos a nuestro
destino
a las 9:00 la próxima noche. Estaba preocupado por mi esposa
porque
no teníamos nada que comer para dos días.
Trataba de pensar que hacer. Mi esposa
notaba que estaba preocupado yo, y preguntaba, "Qué te pasa?"
Dije,
"Nada." Pero ella insistía que sí, entonces le dije.
"Bueno," dijo ella. "Eso no es nada
para preocuparse." Viviremos sin tener mucho para comer. Así, no
te preocupes."
Pero en verdad me preocupé.
Cuando
estábamos sentados allí, oraba y pedí al
Señor
para que nos ayudara a salir de esta dificultad. De repente
comenzé
a sentir que debía salir del bote para ir a caminar, entonces le
dije "Vámonos, bajamos del bote. Tenemos una hora antes que
salir.
Vamos a una caminata."
Ella pensaba que no era sabiduría
hacer eso; caminando, podríamos crear aún más
apetito,
y eso era una cosa que nosotros no queríamos tener.
"Pienso que debemos tomar esta
caminata,"
insistía yo. Entonces empezábamos. Caminábamos y
caminábamos
y nada sucedió. Estábamos listos a girar una esquina
cuando
un hombre llegó a esa misma esquina de prisa y me golpeaba. Nos
agarrábamos uno al otro para no caernos. Cuando estaba parado,
el
pidió disculpa. Descubrí que el era un hombre que
conocí
de Independencia, MO, EEUU. "Cómo es que está aqui en
Boston?"
le pregunté. Y el me dijo,
"Pues, de todas las personas las que
puedo encontrar, estoy agradecido que fue a usted."
Dimos las manos. El dijo que estaba
de prisa a alcanzar un tren, lo cual estaba saliendo para Omaha en poco
tiempo. El pidió permiso a salir, deseando a visitar más.
Cuando lo encontré, yo
pensé,
"Esta fue la razón para la caminata." Y cuando el empezó
salir, dije, "Pues, seguimos caminando." Entonces, le escuché
gritándome,
llamándome por mi nombre. El regresó, corriendo. El se
acercó
con prisa a decirme, "Siento que tal vez nesecita un poco de ayuda. Ten
esta." Me dio la mano otra vez. "Es todo lo que tengo conmigo ahora. Me
gustaría darle más. Pero, Dios le bendiga." Vi lo que el
puso en mis manos. Fue suficiente no para dos días, sino que
para
dos semanas!
Regresábamos al barco, contento
en el conocimiento que Dios en verdad contesta nuestras oraciones, y
que
El proveerá para nuestras necesidades.
HE PROTEJIDO A EL
Una roca grande calló sobre V.D.
Ruch cuando el tenía 14 años, en una mina donde el estaba
trabajando. Lo cubrió completamente. Su padre estaba trabajando
cerca de el. Escuchó el ruido y corrió rápidamente
hacía la roca, y trató de sacar a su hijo. Ocupaba tres
hombres
para levantar la roca para que saliera el hermano Ruch afuera.
Ellos pensaban que el podría
ser sevéramente herido. El fue llevado a la casa para ser
atendido
por un médico, quien encontró que su herida solamente
tenía
dislocada su cadera. El doctor recetó una semana de reposo para
dar al ligamento una oportunidad para reformar. Después de
cumplir
con la que el doctor le dio, el estaba fuerte otra vez.
Sr. Ruch dijo a su pastor, "No entiendo
lo que detuvo la roca de aplastar a mi hijo al morir." El ministro
testificaba
que el Espíritu de Dios le habló a el entonces, diciendo
"Yo lo he protejido a el porque tengo un trabajo para el hacer." Unos
años
más tarde cuando hermano Ruch había llegado a su
maduréz,
el trabajaba en una mina en Huntsville, Missouri (EEUU). Un
día
otra roca muy grande calló sobre de el. Era tres pie y medio de
grueso y dies y ocho pie de diámetro y pesaba unos miles de
libras.
El estaba trabajando sobre sus rodillas
cuando esta monstruosa piedra calló de repente sin permitirle
moverse.
Golpió su hombro, cruzando su pecho contra sus piernas.
Solamente
su cabeza estaba fuera de la roca. El no podía respirar y todo
volvió
ser oscuro. El sabía que si no salía de esta terrible
peso
de repente, el podría morir.
Sus amigos buscaban por ayuda, y los
12 mineros que vinieron, no podían moverla. Ellos pusieron una
gran
madera abajo, con una piedra abajo aquella, y levantaba la piedra lo
suficiente
para que el pudiera moverse fuera. Ellos pensaban que su espalda
estaría
fracturada, pero el se levantó y caminaba. Ellos no
podían
entender este milagro.
Un poco antes del accidente el hermano
Ruch había sido ordenado un sacerdote en la Iglesia Reorganizada
y los trabajadores se dieron cuenta. Estaba dirigiendo cultos en su
casa
porque ellos no tenían un edificio en el cual reunirlos. El
hermano
Ruch sabía que el debía su vida a Dios y el servía
a Dios como un misionero por varios años.
EL DESCONOCIDO SABÍA
Carlos Allen, un misionero para la
Iglesia
de Jesucristo tenía la dirección de una pareja vieja
quienes
vivían en un pequeño pueblo en Oregon, EEUU. Ellos eran
miembros
retirados, y el había sido pedido por los oficiales de la
iglesia
a visitar esta pareja.
El tren pasaba por medio de su
pequeño
pueblo a las 3:00 a.m. Medio dormido, el hermano Allen bajó del
tren y se paró, contemplando que hacer. Todo estaba cerrado por
esta hora de la noche, y el nunca había estado en esa
parte
del país.Mientras que el estuvo parado en
confusión,
un hombre se acercó a el y le dijo, "Te llevaré a donde
quieras
ir. Solamente sígueme." Casi dormido, el hermano Allen
siguió
atrás del hombre. Ellos caminaban unas pocas cuadras de la
estación
y se pararon en frente de una casa.
"Esta es la casa donde la gente vieja
viven," el desconocido le informó. "No vaya a la puerta en
frente.
Ellos son un poco sordos, y no podrían escuchar el toque. Vaya a
la puerta a un lado. Ellos duermen en el cuarto al fondo," el
añadió
como apuntó al cuarto.
Con cuidado, el misionero le
obedecía
a el. El se fue al lado y tocaba la puerta.
Un hombre vino a la puerta restregando
sus ojos. El hermano Allen se presentaba a si mismo y explicaba quien
era
el. Este encantó el hombre viejo, y su cara se iluminó en
bienvenido. "Pase" el hombre le invitó al misionero. “Es
maravilloso
ver a alguien de nuestra fe. “Madre," el clamó, "aquí
está
nuestro misionero."
Ella rapidamente vino a reunirse con
el. Después disculpándose por su apariencía, ella
dijo, "estábamos orando para que Dios nos enviara un misionero.
Estamos alegres ahora."
"Cómo encontró nuestra
casa?" preguntó el cabellero viejo, dándole una silla.
"Después de salir del tren, un
desconocido me guiaba hasta la puerta al lado de su cuarto," el dijo.
"Pues, esa es una
coincidencía...pero
no estábamos anticipándote. Nadie en este lugar
podría
haber sabido que viniera," dijo el caballero, pensando.
"Hay algo misterioso aquí," dijo
hermano Allen. "Aquel hombre era un desconocido completo; mas el
conoció
lo que quería yo. Dios tiene su mano en esto. El sabía el
cuarto exacto en lo cual duermen y que son casi sordos. Ustedes no son
desconocidos a el."
DOS PIES PERFECTOS
El hermano Guillermo O'Neill
acabó
de terminar una serie de reuniones con la familia Little antes de que
la
señora Little tuvo a su bebé. Cuando les visitó en
el hospital, el descubrió que la niñita había
nacido
con un pie deformado. Naturalmente los padres estaban profundamente
preocupados.
La señora Little le acordó
a Guillermo de la escritura que el le había dicho: "Está
alguno enfermo? Llame a los ancianos de la iglesia para que oren por
el"
(Santiago 5:14) Entonces le preguntó a ella, "Cree que Dios
sanaría
su pie?"
Guillermo le prometió a hablarle
a un anciano acerca de esto y así lo hizo.
Una vez en casa, la señora Little
estaba explicando a su familia el plan del doctor para poner el pie
dentro
de un yeso, y compartió el procedimiento que el seguiría.
Este le parecía totalmente desconcertado.
Cuando Guillermo trajo el anciano Ralph
Remington a la casa Little, la madre de la señora Little y un
primo
llamado DeWitt estaban presentes. Después de visitar un rato, le
pidieron a administrar al bebe. El explicó que el nunca
había
hecho una petición de este tipo en administración.
El pidió que cada uno le recuerde en oración antes de
hacerla.
Cuando Ralph caminó hacia ella
para administrar a la niña, una voz le dijó, "pidale al
Señor
a sanarla completamente para que ella nunca sabrá que fuera
deformada."
Así, hizo esta petición. Después, los hombres
salieron.
Nadie pensaba en mirar a los pies de la infante.
En preparación para bañar
a la niña la próxima mañana, la madre se
regocijó
a ver que su hija ahora tenía dos pies perfectos!
DIOS ENVIÓ LA LLUVIA
No había llovido por un largo
tiempo en una cierta parte de Iowa, EEUU. Las personas estaban
advertidas
que bajo ninguna condición podrían prender fuego afuera.
Pero Ed Brown necesitaba tener su campo listo para plantar trigo.
Necesitaba
quemar la mala hierva y el zacate viejo. Así el araba todo
alrededor
del campo, haciendo un ancho sendero con el arado en toda la tierra,
así
el fuego no podría alcanzar el otro lado dentro del pasto seco.
Jack había venido con su padre
al campo. Ed prendió el fuego, y juntos miraban como las
llamaradas
venían acercandose más y más a la tierra arada.
Cuando
llegue allí, parará, dijo Ed. Pero no lo hizo. El fuego
pasaba
por la grama abajo donde había sido arado. De repente, la grama
estaba quemándose en el otro lado. Podría quemar cada
cosa
en su camino si no estuviera parado.
"Padre, oremos!" dijo el pequeño
Jack.
Ed pensaba que no tenía tiempo
para orar. Corriendo para su tractor, el lo empujaba adentro y
comenzó
arar tan rapidamente como lo fue posible. Desesperádamente el
trabajaba,
tratando de mantenerse adelante de la llamarada del fuego. Pero el
fuego
trabajaba más rápido. Había ido afuera de control.
Ed miraba en todas direcciones a verlo crecer. El no podía
pararlo.
El llegó ser muy temeroso. De repente todo podría estar
en
llamas.
Jack vino corriendo hacia el.
Tomándolo
fuertemente por sus manos el dijo, "papá, papá, oremos!"
Jack y su padre se arrodillaron bajo las ruedas del tractor. Ambos de
ellos
oraban por la ayuda de Dios. Cuando habían finalizado sus
oraciones,
Ed miraba dentro de los cielos. Una nube negra venía del cielo,
lo que fue claro solo momentos antes. Comenzó llover sobre el
lugar
donde estaba el fuego corriendo, y continuaba hasta que el fuego fue
quitado.
Después, la lluvia cesó. Solamente llovía sobre
aquel
lugar y en ningún otro lugar. No había espacio para duda
en el corazón del padre y el hijo, porque ellos sabían
que
Dios había enviado la lluvia en respuesta de sus oraciones.
AFUERA DE LA CUNETA
En el camino a una reunión
campestre
en Australia, Roberto Brown y Ricardo Jones tenían que manejar
por
lodo profundo en el camino. De repente, el carro empezó a
deslizarse,
y cayó en una cuneta honda, donde el carro se paró de
inmediato.
Ellos intentaron empujarlo sin
resultado,
y el carro se hundió más. Intentaron empujarlo con
todas sus fuerzas, sin nada.
Estaban preocupados porque no
habían
otros para ir, y la gente les estaban esperando.
Ellos decidieron orar a Dios.
Parados en el lodo, ellos incaron, y
le pidieron por ayuda divina. Cuando alzaron la vista después,
ellos
vieron un hombre montado en un caballo, viniendo hacia a ellos.
"Me parece que están en
problemas."
dijo el extraño. "Tal vez les puedo ayudar." El bajó del
caballo y empujó el carro afuera de la cuneta, el solo. Ellos
quedaron
atónitos.
El extraño dijo, "Hoy sí.
De aquí salen bien." El montó en su caballo y
salió.
Ellos quitaron el lodo de sus pies y
salieron. Ricardo dijo, "?Usted vio esto? Hay algo milagroso acerca de
este hombre. ?Como empujó el carro afuera de la cuneta el solo?
Los dos de nosotros ni aun pudimos moverlo. Yo voy a dar vuelta y
regresar
a ver."
Al llegar allí donde estaba el
carro, vieron todas sus huellas en la calle, menos las del caballo.
Entendieron
que no fue un hombre de la tierra que llegó exactamente al
terminar
su oración. Ellos continuaban en su camino, glorificando a Dios
y dándole la gracias por la ayuda divina.
YO TE PUEDO VER
Swen Swenson había sido
bautizado,
pero todavía estaba luchando contra el vicio de fumar. Un
día
de estos, de repente alguien le regaló un cigarro muy caro por
un
marido que estaba casándose.
El cigarro se parecía tan sabroso
y fue su marca favorita. Entonces, Swen lo guardó para
más
tarde. Pero no quería que nadie lo viera cayendo en
tentación.
Swen salió de la ciudad y
entró
en un bosque. El seguía hasta que nadie estaba cerca;
ni animales, ni casas. Al fin, encontró un lugar secreto. El
volvió a ver una más vez, a segurarse que nadie lo estaba
viendo. Seguro, el sacó el cigarro de su bolsa y lo miró
con anhelo. Agarró un fosforo y prendió el cigarro.
De repente el escuchó claramente
una voz diciéndole, "Swen, YO te puedo ver."
Asustado, sus ojos se abrieron
grandamente
y el reconoció la verdad. !Por su puesto, Dios lo podía
ver!
El se escondió del hombre, pero no había pensado en Dios.
Rapidamente, Swen se quitó el
cigarro de su boca y el lo tiró tan lejos como pudo. !Este se
terminó
su hábito de fumar!
DIRECTO DE DIOS
Frederico Smith nunca había
predicado
un mensaje, pero muchos de los santos iban estar en una conferencia
afuera
y esta dejaría a nadie para predicar en su congregación.
Entonces en la noche de domingo, le tocaba.
El tenía que trabajar 12 horas
al día, seis días a la semana. Su educación fue
limitada,
como fue su estudio de las Escrituras. El quería estudiar-las en
la semana antes de su mensaje, pero no hubo tiempo libre. 2 veces
aquella
semana, como supervisor, el tenía que pasar toda la noche en el
trabajo. No se durmió mucho durante la semana. Aun el domingo,
contra
su voluntad, su trabajo lo llamaba que estuviera allí. El
salió
de su trabajo a las 5:00 pm y intentó leer, pero siempre se
durmió
de su cansansia. El se puso deprimido. Su esposa le dio ánimo y
le dijo a intentar y Dios le ayudaría.
Pues, el empezó ir a la iglesia
pero, viendo la puerta de su bodega abierta, allí el
entró
y oró. El dijo al Señor que el fue incapáz debido
a su falta de conocimiento y extrema cansansia de su mente y cuerpo.
En transito a la iglesia, el leía
de Timoteo, y sintió del Espíritu para usarlo como su
texto.
Al llegar a la capilla, sintió nervioso porque la capilla estaba
llena. Cuando empezó el culto, un viejito ofreció una
oración
inspirada. El estaba en comunión con Dios.
Al pararse atrás del
púlpito,
Frederico sintió sus rodillas temblando. El leía su
escritura,
y vio un versículo en palabras grandes, como afuera de la
página.
El miró al reloj, pensando que iba a compartir poquito.
Su atención fue
atraída
a la esquina norte oeste de la iglesia. Allí apareció un
hoyo en el cielo, y a travéz de este hoyo, el podía ver
las
estrellas. Después, el vio tarjetas de 20 pulgados de largo y 15
pulgadas de anchura. Las tarjetas eran blancas con palabras en negro
brillante.
Al ver la primera tarjeta llegar al hoyo, la leía en voz alta, y
al leerla, desapa-reció, y apareció la próxima. El
pensaba, "?Qué es este sentimiento tan bello? Es el poder de
Dios
sin duda." El sentía como sus pies no estaban tocando el suelo.
Las tarjetas seguían bajando, acompañadas con el
Espíritu
de Dios. Al fin no más tarjetas llegaban.
Al ver el reloj, el había
predicado
por 45 minutos, y realizó que su oración había
sido
contestada. El Señor le dio su mensaje. Viendo la
congregación,
todos estaban secando sus ojos, por haber sentido el Espíritu.
Al
fin del culto, el mismo viejito dijo, "Han escuchado un sermón
directo
de Dios. Tal vez jamás escucharán otro como este."
EL CAPITAN DEL MAR
Jorge Knowlton era un capitán
del mar muy duro, que vivía en Maine, EEUU. El ordenó a
sus
hombres hacer las tareas más difíciles, y ellos
respondieron
de miedo.
Un día cuando a tierra, este
hombre tan duro escuchó el mensage del evangelio. El
sintió
la impresión del Espíritu Santo y quería unirse
con
Su Iglesia, pero no podía entender como llegar a vivir esta
vida.
El no podía ver como podía ser capitán del barco y
por amor, hacer responder sus trabajadores.
Su esposa quería que el dejara
de usar tobaco, pero no pudo. Jorge masticó un pedazo
antes de salir de la cama cada mañana. Cuando se
levantó,
el fumaba su pipa.
Un día el mar estuvo calmo, y
sus trabajadores estaban abajo. El capitán empezó
refleccionar en el evangelio, recordando las palabras del ministro.
Este hombre duro oró. El prometió al Señor que si
El le ayudaría dejar su hábito de tobaco, Jorge lo
tomaría
como un señal que este fue Su evangelio.
El próximo mañana, el
se levantó, y comenzó su trabajo. El estaba al
timón
del barco cuando realizó que el había olvidado tomar su
pedazo
de tobaco y fumar su pipa. Desde allí, cuando Jorge pensó
en tobaco, !el tenía que irse al lado del barco y vomitar!
Cuando Jorge regresó a tierra,
el buscó un ministro de la Iglesia Reorganizada de Jesucristo, y
pidió bautizarse. Después de bautizarse, el tomó
su
religión muy seriamente. Hizo un cambio por completo en su vida.
La gente empezó amarlo. Aun sus trabajadores aprendieron amarlo;
una cosa que ellos pensaron imposible antes.
Luego, Jorge fue llamado ser un anciano
en la iglesia. Una noche, regresando a su casa, el Espíritu
Santo
le habló y le dijo no entrara su casa. Sino que irse a una isla
donde vivía una familia con muchas necesidades. El no quiso
obedecer,
porque había estado en el barco por dos semanas, y no
había
visto a su familia. Pero cuando el Espíritu le habló por
la segunda vez, el obedeció. La pareja se llama Eduardo y Nell.
Debido a los frecuentes
tempestades, Eduardo no había pescado y la familia ya no
tenía
comida. Fue duro para Eduardo ver a sus hijas ir a la cama con hambre.
Entonces la familia se reunía en oración, y Eduardo
salió
para pescar.
El quería revisar sus trampas
para langosta. En el bote, un viento hizo que el poste adentro golpea a
Eduardo y el cayó inconciente en el agua. El agua siendo
frio
lo despertó. Cuando el miró su bote, estaba lejos, y
yendo
en la dirección opuesta.
Su ropa sucia y mojada le hizo muy
dificil
nadar. Siendo debil, y enfrentándose la muerte, solo un milagro
lo podia salvar. Cuando el empezó undirse en el agua,
clamó
al Señor, pidiendole a salvar su vida, para que el podría
proveer para su familia.
Inmediatemente, el se halló
tocando
su bote, con una mano adentro! Con dificultad, el montó su
bote, y cuando el aire frio tocó su ropa mojado, se
congeló.
Una bota se quedó en el mar. El sabía que tenía
que
llegar rapidamente a su casa o moriría.
El viento fuerte ahora le ayudó
llegar a su casa. Al abrir la puerta el escuchó a su hijas
orando
por el y para comida.
Sus niñas gritaron, "!Papá
está aqui! ?Dónde están las langostas? ?No
pescó
nada?"
Nell, su esposa lo vio, y empezó
a ayudarle quitar la ropa congelada.
Luego, la familia reunió
alrededor
la estufa, debido al frio, con diferentes sentimientos. Tenían
gozo
porque su padre volvió seguro, pero todavía tenían
hambre, y sabían que su padre ya no podia pescar, porque faltaba
una bota, y no podía comprarla tampoco.
Otra vez la familia se arrodilló
en oración pidiendo por ayuda divina. De repente, hubo un toque
a la puerta. Allí estaba el capitán, Jorge, !con comida y
un par de botas!
Al entrar Jorge, el ofreció las
cosas a ellos. Eduardo le preguntó, "?Cómo sabía
que
nuestra situación era critica?"
Jorge contestó, "El
Espíritu
Santo me lo dijo, y no podía resistirlo."
Cuando Nell vio la comida y botas, sus
ojos se llenaron con lágrimas de gozo. Eduardo también se
quedó mudo con emoción por un momento. Dios en verdad
cambió
un hombre duro, y lo usó hacer un milagró para otra
familia
creyente. Fue posible porque el obedeció la voz de Dios sin
dudar.
UNA MANO DIVINA
El anciano Earl Philips estaba
acercándose
a una cruze del ferrocarril en su camión grande. El estaba
pensando
en otras cosas, y el buscó rapidamente por un tren. No vio
ningún
tren, entonces comenzó cruzar la pista. De repente, el
miró
un tren listó para golpearlo. El empujó el acelerador al
fondo y sintió que el carro saltó al otro lado de la
pista
como el tren cruzó atrás.
Perplejo, hermano Philips empujó
el acelerador muchas veces al fondo a ver si el camión
saltaría
como se hizo cuando estuvo cerca del tren, pero no lo pudo. El anciano
no entendió lo que pasó, entonces se fue al
estación
del tren, donde el tren había parado.
El ingeniero lo reconoció y lo
dijo, "Pensé que iba a golpearte, pero sorprendido, vi una mano
grande bajar del cielo, agarrar a tu camión, y hallarlo al otro
lado de la pista.
Cuando el ingeniero habló,
hermano
Philips sabía que la mano de Dios le salvó.
DE HONDURAS, CENTRAL AMÉRICA
Mario - Taulabe, Comayagua
El recibió el evangelio con su
familia, pero no respondió al principio. Ya después de
haber escuchado por un año, el tuvo un sueño en mayo,
1992 en que el estaba en el ataúl, muerto, y allí dijo,
"!Dios
mio! !No me bautizé!" Al fin se bautizó en junio, 1993.
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